Bretaña: Ruta por la costa

Francia es uno de los mejores países para hacer una ruta furgonetera; por la diversidad de paisajes, la belleza de sus pueblos y ciudades, y sobre todo, por la buena acogida que tiene el mundo camper. Bretaña, además de dichas características, cuenta también con una personalidad especial, una cultura y un origen celta, que sumándolo al caracter costero, hace de ella un destino más que atractivo para un viaje como el que hemos hecho. Ha sido una ruta de 14 días y más de 2.000 kilometros por toda la costa bretona.

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Nuestra ruta

Salimos desde Gipuzkoa y en menos de una hora estamos en la autopista que cruza casi toda Francia por la costa atlántica. Cerca de Burdeos, hacemos nuestra primera parada en la Isla de Ré. Entramos en Bretaña por el golfo de Morbihan. Vemos algunos pueblos en el interior, como Roquefort en Terre y Josselin, y continuamos por la costa, pasando por Carnac y la Península de Quiberon. Continuamos por Concarneau, Locronan y la Península de Crozon, al oeste de Bretaña. Llegando a la costa norte, pasamos por Morlaix, Plougasnou, Perros Guirec, Ploumanach, Dinan y Saint Malo, para acabar nuestra ruta en el famosísimo Mont Saint Michell:
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Notas de viaje

Siempre habíamos oído que Francia es uno de los paraísos de las camper, y esto es así, pero en cierta medida. Viajando por la costa hemos podido comprobar que la mayoría de los parkings de las playas o cercanas a la costa tienen la valla de 1,85. Eso sí, la mayoría de los pueblos cuenta con area AC y varios campings, que además están bien señalizados, por lo que no vamos a tener problemas para encontrar sitio donde dormir. En cuanto a los campings, recomendamos ir a los campings municipales, que además de estar bien situados y bien cuidados, son los más baratos (entre 15-25 euros por día, incluyendo vehiculo, 2 pax y electricidad).

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Galletes o crepes saladas.

En cuanto a los horarios, sabemos que los franceses comen y cenan pronto, así que, cuando busquemos restaurante, mejor hacerlo temprano; en los sitios más turísticos no suele haber problemas, pero en pueblos pequeños puede que no os sirvan si vais a comer a las 15:00. En cuanto a la gastronomía, en toda la costa encontraremos un montón de sitios donde ofrecen mejillones y ostras. También son típicas las ‘galletes‘ o crepes saladas, rellenas con todo tipo de ingredientes, como si fueran pizzas. Las galletas de mantequilla y el pastel Far Bretón son otras de las especialidades locales. En Bretaña también hacen sidra, pero para vascos y asturianos, no tiene nada que ver con la nuestra; es más tipo cava o champán.


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Ile de Ré

En vez de hacer todo el camino de ida de un tirón, decidimos hacer un alto en el camino, y optamos por la Isla de Ré, y fue todo un acierto. Se trata de una isla de 30 kilometros de largo por 5 de ancho, que está conectado por un puente de 3 kilometros. Hasta 1988, no había otro acceso a la isla que los barcos y los ferrys, así que sus pueblos todavía guardan esa personalidad de pueblos pesqueros, aunque el turismo vaya aumentando año tras año.

Es el sitio perfecto de vaciones: pueblos bonitos, playas, recorridos en bicicleta… Buen sitio para pasar unos cuantos días. Pero nuestro objetivo era otro…


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Vista de la ciudad amurallada en Vannes.

Golfo de Morbihan

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Iglesia de Sené.

En la segunda etapa de nuestro viaje llegamos a Bretaña por el Golfo de Morbihan. El nombre viene del bretón, ya que “mor bihan” significa mar pequeño. Es una especie de golfo o mar interno que se encuentra en la costa sur, repleta de islas y localidades con puertos y playas, por lo que es una zona bastante turística.

La principal ciudad del golfo es Vannes (Gwened), donde se pueden visitar la zona del puerto, o la ciudad amurallada. Alejándonos un poco del ajetreo, nos alojamos en un camping de la vecina localidad de Sené, mucho más tranquila y con unos atardeceres preciosos.

 


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Rochefort-en-Terre

En Bretaña hemos podido visitar varios pueblos que parecen auténticos escenarios de péliculas medievales; Rochefort-en-Terre es uno de ellos. Situado a unos 40 minutos de Vannes, se puede visitar en par de horas, ya que es un pueblo pequeño formado por tres calles. Cuenta con varias casas de los siglos XVI y XVII, respetando la arquitectura y la IMG_8161decoración de la época. Llegamos en vísperas de una feria medieval, así que había bastante ambiente en sus calles. También se pueden visitar las ruinas del castillo del siglo XII, y el palacio, más actual.


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Vista de las torres del castillo de Josselin, sobre el río Oust.

Josselin

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El centro de la villa mantiene su aspecto medieval.

Los duques de Rohan, señores de Bretaña, construyeron en 1008 un castillo, bautizando el pueblo con el nombre de su hijo, Josselin. El castillo fue edificado en un saliente rocoso sobre el río Oust. Ha sido renovado y ampliado en varias ocasiones, y aunque los descendientes de los duques de Rohan siguen habitándola, se pueden visitar varias habitaciones en la parte inferior del castillo.  También merece la pena darse una vuelta por el centro de la villa, que mantiene ese carácter medieval, con edificios coloridos.


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Carnac

IMG_8171Si algunos de los pueblos de Bretaña nos transportan al medievo, Carnac (Karnag) nos traslada directamente a la prehistoria, gracias a los famosos Alineamientos de Carnac. Se trata de casi 3.000 menhires del neolítico, colocados en cinco hileras que abarcan en total un terreno de más de un kilómetro de largo.

Los alineamientos están divididos en cuatro zonas, siendo la de Menec y la de Kermario las más numerosas. Hay un centro de interpretación donde también ofrecen visitas guiadas, pero también se puede hacer el recorrido por libre, tanto a pie como en bicicleta. En el pueblo también existe una oficina de turismo. La zona es bastante turística, y está muy cerca de la costa.


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Península de Quiberon

Muy cerca de Carnac, se encuentra la península de Quiberon (Kiberen), una ‘casi isla’ unida a tierra por el istmo de Penthièvre, de apenas 100 metros de ancho. La península se puede recorrer de forma circular. A un lado se encuentra Saint Pierre de Quiberón, una bonita villa costera, donde paramos a comer. Vemos varias playas de arena fina, villas de veraneo y campings, aunque la zona está menos saturada de turismo que la costa de Carnac.

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La costa salvaje de Quiberón.

Al otro lado, se encuentra la costa salvaje, con un paisaje rocoso y lleno de acantilados. Se puede recorrer dicha costa a pie, ya que hay un sendero preparado para ello.


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Concarneau

Tras dejar atrás Quiberón llegamos a la zona más occidental de Bretaña, también conocida como Finisterre. Concarneau (Konk Kerne) es una de las principales ciudades de la zona, de origen pesquero aunque hoy en día se dedique más al turismo. El puerto y la ciudad amurallada son algunos de sus atractivos. Allí nos encontramos con la fiesta de Les Filets Bleus, que aunaba conciertos y espectáculos de danza de distintas nacionalidades, todas de origen celta.

IMG_8203Al otro lado de la ciudad se encuentra la playa de Les Sables Blancs, donde nos alojamos en el camping del mismo nombre.


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Locronan

IMG_8228Otro de los pueblos más bonitos y mejor conservados que hemos visto en este viaje es el de Locronan (Lokorn). Sus casas de piedra y tejados de pizarra guardan el espiritu original del pueblo y de la zona. Un detalle que no nos gustó tanto es que nos cobraran 4 euros por aparcar en el parking que hay en la entrada del pueblo, pero bueno, la visita mereció la pena.


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Península de Crozon

Finisterre está formado por tres grandes grandes cabos: La punta de Raz, La Península de Crozon y la punta de Saint Mathieu. La de Crozon (Kraozon), con forma de cruz, es la más central de todas, y segun las guías que consultamos, la más espectacular por sus acantilados. Dicha forma de cruz está formada por otras tres puntas, siendo La punta de Penhir la central y más occidental de todas.

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Llegamos a Penhir desde el pueblo costero de Camaret sur Mer, una bonita villa pesquera con una buena oferta gastronómica. Nos alojamos en el camping municipal, que se encuentra a un escaso kilometro de la punta de Penhir. Es uno de esos sitios que te atrapa y te hace sentirte pequeño. Desde la punta se pueden ver el Tas de Pois, una alineación de tres rocas o peñascos, así como varios acantilados no aptos para los que tengan vértigo. Las vistas sobre otras puntas del Finisterre son fantásticas.

De vuelta al camping, paramos en el Memorial de la Batalla del Atlántico, donde se puede ver un pequeño museo de la guerra mundial, ubicado en un antiguo bunker.


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Morlaix

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La Casa de la Condesa Anne.

Dejamos Finisterre para dirigirnos hacia la costa norte.  Pero primero, hacemos un alto en el camino en Morlaix (Montroulez), ‘la Segovia bretona’. Nada más llegar llama la atención su acueducto de granito, que con 300 metros de largo, atraviesa la población de lado a lado. Fue construida en el siglo XIX. para el ferrocarril que unía Brest con París. En el centro hay varias casas que conservan la arquitectura tradicional; una de ellas, la Casa de la Condesa Anne, se puede visitar por dentro. Cerca de allí también se encuentra el Castillo de Taureau, una fortificación del siglo XVI. construida sobre un islote, que no pudimos visitar por falta de tiempo.


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Plougasnou y Primel

Y por fin llegamos a la famosa Costa de granito rosa.  Como el nombre indica, la costa está formada por rocas de granito, que al atardecer, toman un tono rosáceo. Uno de los mejores puntos para ver dichas rocas, es la Punta de Primel, en el municipio de Plougasnou.

IMG_8303Nos alojamos en el Camping Municipal de Primel, uno de los mejores en los que hemos estado en cuanto a la situación y a la atención de los propietarios. Desde el camping se puede visitar a pie la espectacular punta de Primel, llena de grandes rocas de granito. En la cima, hay una borda que antaño fue utilizada por los vigilantes que avisaban a la población de la llegada de piratas o de las tropas británicas.


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Ploumanac’h

IMG_8415Siguiendo la costa llegamos hasta la preciosa villa de Ploumanac’h. Situada junto a la más turística Perros-Guirec, es otro de los enclaves de la costa de granito rosa. El puerto interior, una especie de golfo, se llena y se vacía por completo según las mareas, cambiando el paisaje por completo. Hay varias zonas y paseos donde se pueden ver las rocas de granito, así como el faro de Ploumanac’h.


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Dinan

IMG_8448Aunque no la habíamos incluido en nuestra ruta principal, de camino a Saint Malo decidimos parar a ver Dinan, ya que nos lo habían recomendado algunos compañeros, y la verdad es que mereció la pena. Tiene un casco antiguo medieval muy bien conservado, y aunque la visita fue bastante rápida, nos gustó mucho. Se pueden visitar la iglesia gótica de St Malo o el castillo de Dinan. Pero lo mejor de todo es pasear por sus calles repletas de tiendas de artesanía y artistas callejeros.

 


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Saint-Malo y Alet

Poco a poco vamos llegando al final de nuestro recorrido, pero antes de tomar el camino a casa, nos quedaban dos gratas sorpresas. Una de ellas fue Saint-Malo y su vecina Alet. Aunque esperábamos una gran ciudad, la ciudad amurallada de Saint-Malo tiene un encanto especial. Se puede recorrer la muralla, y por su puesto, sus calles, también llenas de tiendas y bares.

IMG_8465Laciudad amurallada de Saint Malo es una zona muy turística, asi que buscamos un poco de paz en la localidad vecina de Aleth. Nos instalamos en el camping municipal, desde el cual se llega en bici a las murallas en apenas 10 minutos. Además, nos gustó el pueblo por su sencillez. Tiene una pequeña playa con un bonito paseo y varios restaurantes. En un extremo de éste se encuentra la Torre Solidor, del siglo XIV, que parece sacada de algún episodio de Juego de Tronos.

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Mont Saint-Michel

No podíamos terminar nuestra ruta sin la obligada visita a uno de los sitios más espectaculares que hemos visto en nuestros viajes: el famoso Mont Saint-Michel. Se trata de una abadía, después fortificada, construida en honor del arcángel San Miguel sobre una isla rocosa. Además de la propia construcción, una de sus peculiaridades reside en que dicha roca se convierte en isla cada vez que sube la marea.

IMG_8501Mont Saint-Michel es el punto más turístico de Normandía y uno de los más visitados de toda Francia. Cada año acuden más de tres millones de turistas, lo que significa que suele estar petado de gente. Por ello, recomendamos madrugar o dormir cerca del lugar para hacer la visita pronto por la mañana. Los parkings están bien organizados y hay un bus lanzadera gratuito. Desde el parking a la muralla de entrada hay un paseo de dos kilometros, así que también se puede ir andando.

Una vez dentro, se sube por una estrecha calle llena de comercios, aunque también se puede recorrer la muralla exterior. Después de subir un montón de escaleras, se llega a la parte monumental, donde se pueden visitar la abadía y su campanario con la estatua de San Miguel en su cúspide, que alcanza los 170 metros de altura sobre el nivel del mar.

Y así acaba nuestro viaje de dos semanas por tierras bretonas. Hemos visto unos sitios preciosos y ha sido una experiencia estupenda. Una ruta que sin duda, os recomendamos a todos.

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